Cuando Ramiro Cardozo llegó a Costa Rica, ya había dejado San Bernardo, vivido varios años en Buenos Aires y comenzado un viaje de mochilero desde Argentina rumbo a México. En el camino apareció Costa Rica. En Playa Hermosa tenía un amigo, pocas certezas y muchas ganas de surfear. Terminó quedándose.
Durante más de un año vivió en una pequeña van. Poco a poco, la comunidad le fue dando una mano: encontraba lugares donde dejarla, podía bañarse y empezar a construir una rutina alrededor del surf y el trabajo. “Las personas que me recibieron y apoyaron fueron el verdadero tesoro”, recuerda.
La relación de Ramiro con la fotografía comenzó alrededor de 2009, en San Bernardo, mientras empezaba a patinar. Con un celular fotografió a un amigo saltando tres tablas en la pista de skate de su barrio. “La capturé como si fuera una foto de revista, pero con un celular. De ahí en más, algo hizo click en mí esa tarde.” La imagen terminó siendo utilizada en un flyer para la inauguración de un skatepark.
Una de las primeras imágenes que marcó a Ramiro: un amigo saltando tres tablas en San Bernardo, fotografiado con un celular alrededor de 2009.
Poco después apareció el surf. En el muelle de Mar de Ajó se metió casi hasta la cintura en el agua para fotografiar a su amigo Martín Capriglioni, que en ese momento era un grom. “En algún lugar deben andar esas imágenes. Qué loco, porque lo acabo de recordar y es muy lindo.”
A los 19 años se mudó a Buenos Aires. Allí profundizó su relación con la fotografía y pasó varios años trabajando con analógico, una etapa que le dejó paciencia, conocimiento de la luz y una mirada más documental. Después decidió viajar. Salió como mochilero desde Argentina rumbo a México y, en el camino, llegó a Costa Rica.
“No sabía absolutamente nada, solo que había mucha naturaleza y buenas olas.” Playa Hermosa terminó ofreciéndole exactamente lo que buscaba: comunidad, agua caliente, buenas olas casi todo el año y una gran variedad de picos.
“En Playa Hermosa, si surfeás con crowd es porque querés. Hay una cantidad de picos donde podés elegir distintos tipos de olas, y todas con buenas condiciones: tubos, izquierdas, derechas.” Con el trabajo también le iba bien. “Surf, amigos y trabajo. ¿Qué más podía pedir?”
Con el tiempo, Playa Hermosa terminó convirtiéndose en su casa. Para Ramiro, una de las cosas más importantes del lugar está más allá de las olas. “Tiene un fuerte sentido de comunidad. Es un pueblo chico, cerca de Jacó y Esterillos, con gente local todo el año.” También destaca los ríos, cascadas y distintos lugares que existen a pocos minutos de la playa, además de su ubicación dentro de Costa Rica. “Para mí, es el punto perfecto.”
Aunque hoy utiliza mucho menos film, la fotografía analógica sigue presente en su manera de trabajar. Durante varios años fotografió con una Yashica FX3 y rollos de 24 o 36 fotos. “No podía desperdiciar disparos. Tenía que sentir algo y capturarlo en el momento justo.”
Esa etapa le dejó paciencia, conocimiento de la luz y un fuerte gusto por el grano y el proceso analógico. También lo acercó a la fotografía documental y a referentes como Vivian Maier. “Hoy no uso tanto film, pero sí le doy una vuelta a las ediciones buscando ese estilo: grano, colores, una línea más orgánica.”
Cuando está frente al mar con una cámara, la forma de la ola sigue siendo una de las cosas que más lo atraen. “La forma de la ola es algo que me vuelve loco.” A eso se suma la luz del Pacífico. “Cuando amanece en el Pacífico, muchas veces el sol pega medio de frente o de costado y genera una luz increíble.”
Pero para él una buena imagen aparece cuando se combinan varios factores. “Creo que es el conjunto de todo: la ola, el surfista, la luz y el momento. Cada elemento tiene su magia.”
Una de las sesiones que recuerda especialmente fue en Santa Teresa junto al surfista Cristian Castillo. Ramiro tenía desde hacía tiempo un objetivo: conseguir una buena fotografía de un aéreo desde el agua. “Ese día me crucé con la persona exacta: Cristian Castillo, un local de Santa Teresa que no para de volar.”
Cristian Castillo volando en Santa Teresa.
Encontraron una derecha y se posicionó para buscar la foto. “Recuerdo verlo salir mientras yo estaba pasando la espuma. Tiré la foto y en ese momento dije: lo hice, lo logré.” Para él fue un momento de superación y mucha satisfacción.
Una de las mayores diferencias que encuentra entre fotografiar una sesión de freesurf y cubrir una competencia está en la presión. “La primera diferencia que se me viene a la cabeza es la presión. Aunque desde afuera parezca relajado, hay un detrás de escena en el que estás trabajando para alguien y tenés que cumplir al 100% con lo pactado.”
“Uno sabe que va a lograr el material, pero del otro lado no siempre lo saben. En cambio, cuando filmás freesurf, si algo sale mal, lo pagás vos, porque es algo que hacés para vos.”
Entre los surfistas con los que más disfruta trabajar, Ramiro elige dos: Cali Muñoz y Michael Ciaramella. “Son muy diferentes entre sí, pero los admiro mucho, no solo en el surfing sino también en su forma de vivir.”
De Cali destaca su energía y versatilidad. “Cali es pura vida, muy relajado, y conecta casi todas las olas que agarra: tubos, aéreos, carves… todo con muchísimo estilo. Aunque no es muy fan de la cámara.”
Cali Muñoz, uno de los surfistas con los que Ramiro más disfruta trabajar por su energía y versatilidad en el agua.
De Michael destaca otra forma de relacionarse con el mar y con el trabajo. Ciaramella es surfista y colaborador de Stab, donde participa en contenidos vinculados al análisis y prueba de tablas. “Tiene una conexión increíble con el mar: llega, tiene paciencia y espera la mejor ola… y lo más loco es que le llega. Su estilo dentro del agua es igual a su forma de ser afuera: tranquilo y prolijo. Eso me inspira mucho.”
Con Michael, Ramiro filmó sesiones para Joyride, una sección de Stab en la que Ciaramella prueba diferentes tablas y configuraciones de quillas y luego analiza sus sensaciones. “Son sesiones en distintos tipos de olas, probando tablas para sentir diferencias y poder dar su review sobre ellas, cambiando quillas también para sentir la diferencia. Es divertido.”
Para Ramiro, buena parte del aprendizaje también ocurre fuera del agua. “Soy muy curioso, así que pregunto sobre todo: quillas, tablas, y también sobre cómo es su trabajo en Stab.” Y hay otro camino que quiere desarrollar: “Me interesa desarrollar un lado más periodístico dentro del surfing.”
Michael Ciaramella, surfista y colaborador de Stab, con quien Ramiro trabajó en sesiones para Joyride.
Cuando habla de la escena costarricense, Ramiro pone especialmente la mirada en los más chicos. “Los más chicos vienen con todo. Es impresionante la cantidad de talento que hay.” Entre los nombres que menciona aparecen , Kian Jiron, Jaziel Torres, Olivia Guarda, Isabella y Mikela Castro.
Su mirada también se extiende al resto de Latinoamérica. “Hay demasiadas historias por contar. Lo veo en cada circuito o mundial: Perú, Panamá, Venezuela… hay muchísimo nivel.”
También destaca el crecimiento de las nuevas generaciones. “Perú en lo femenino viene muy fuerte, las nuevas generaciones están detonando. Argentina tiene unas máquinas. Todos, la verdad, tienen lo suyo.” Y aunque personalmente disfruta del surfing más clásico, reconoce que el nuevo semillero viene con otra energía. “El nuevo semillero viene con otro chip. A mí me encanta el surfing más clásico, pero estos chicos vienen arrasando.”
Actualmente Cardozo trabaja con fotografía, video y drone, aunque filmar dentro del agua continúa siendo una de las cosas que más disfruta. Playa Hermosa, sin embargo, muchas veces impone sus propias reglas. “Me encanta filmar dentro del agua, pero lo hago poco porque Playa Hermosa es bastante pesada y a veces se vuelve peligroso.”
Su mayor interés está cada vez más cerca del documental. “Lo que más disfruto es hacer videos documentales: contar historias reales y mezclar lo técnico del surf con algo más artístico.” Hoy siente que su trabajo está evolucionando hacia las películas de surf, aunque reconoce que desarrollar ese tipo de proyectos no siempre resulta sencillo de sostener económicamente.
También está trabajando en un proyecto personal que avanza de a poco. “Todavía no encontré el cliente que me dé total libertad creativa para hacer lo que quiero. Igual, por amor al arte, estoy trabajando en un proyecto personal que requiere mucho tiempo.”
Su objetivo hacia adelante es viajar más alrededor del surf, filmar en otros países y hacer proyectos de mayor duración. “Quiero llevarlo a otro nivel. Quiero poder viajar, documentar y contar historias reales desde una mirada más artística.”
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