El fotógrafo detrás de Indo Eye pasó un mes recorriendo la Polinesia Francesa, encadenó swells en Teahupo’o y exploró más allá de la ola más famosa de Tahití. El resultado es South Pacific, su nuevo film.
David Biner llevaba más de diez años soñando con fotografiar las aguas de la Polinesia Francesa. Entre mayo y junio de 2026 finalmente pudo hacerlo: pasó un mes recorriendo las islas con sus cámaras, coincidió con varios swells y terminó convirtiendo la experiencia en South Pacific, un film realizado y editado por él mismo.
Las imágenes acuáticas que había visto durante años, especialmente las de Ben Thouard, habían alimentado esa obsesión. Pero llegar finalmente a Tahití superó todo lo que había imaginado.
Teahupo’o desde adentro
Después de años viendo imágenes de Teahupo’o, lo que más sorprendió a Biner fue comprobar que ninguna pantalla logra transmitir completamente la dimensión del lugar.
“Teahupo’o es una maravilla y una bestia absoluta.”
Más allá de la potencia de la ola y los wipeouts sobre el reef, fue el entorno lo que terminó marcándolo.
“Cuando estás ahí, sintiendo el mana, viendo las montañas y escuchando las olas explotar, es una combinación de surf y paisaje con una energía que nunca había experimentado.”
Mucho más que tubos
Durante el viaje también pudo observar de cerca a una nueva generación de surfistas tahitianos.
Para Biner, ya no se trata solamente de especialistas en olas pesadas.
“Hay muchísimos surfistas increíbles saliendo de Tahití y la Polinesia Francesa. En el pasado parecía que los locales aprendían de los profesionales que llegaban. Ahora, en muchos aspectos, los están superando.”
Además de Teahupo’o, encontró beachbreaks y olas de performance que ayudan a explicar la versatilidad de nombres como Kauli Vaast, Vahine Fierro o Matahi Drollet, algunos de los protagonistas de South Pacific.
Tahití e Indonesia
Radicado desde hace años en Indonesia, Biner también encontró diferencias claras entre ambas culturas de surf.
En Bali, explica, cafés, restaurantes y warungs frente a las olas funcionan como puntos naturales de encuentro. En Tahití, muchas olas rompen en reef passes alejados de la costa, generando dinámicas diferentes.
Pero la mayor diferencia está en la relación con el mar.
“El surf es solamente una parte de ser un waterman allí. La pesca, el freediving, el canotaje, el snorkeling y el bodyboard están profundamente integrados en la cultura.”
“Respect gets respect”
También aprendió rápidamente los códigos del lugar.
En Teahupo’o llegó a compartir el agua con hasta 14 fotógrafos en días grandes. En spots más reservados, en cambio, fue llevado por locales bajo una condición clara: ciertas ubicaciones no debían revelarse.
Una de las cosas que más lo sorprendió fue el entusiasmo de los surfistas por recibir sus imágenes.
“Para mí era importante conectar con la comunidad y devolver algo. Eso inmediatamente generaba amistades.”
Incluso aprendió protocolos específicos. En uno de esos spots le explicaron que antes de enviar imágenes a cualquier surfista debía entregar primero todas las fotos al local más respetado del lugar.
La lógica era sencilla:
“Respect gets respect.”
Ese mismo principio se traslada al agua. Biner cuenta que existe la costumbre de llegar al lineup y saludar individualmente a quienes ya están allí.
“Eso genera inmediatamente una conexión completamente diferente.”
Más allá de Teahupo’o
Uno de los objetivos del viaje también fue explorar.
“Podés llegar, quedarte en el pueblo, surfear Teahupo’o, comer poisson cru y volver a casa.”
Pero para descubrir el resto, dice, hace falta tiempo y especialmente conexión con los locales.
Alquileres de autos caros, largas distancias, reef passes alejados y poco conocimiento público sobre las condiciones hacen que la exploración sea bastante más compleja de lo que parece.
“Si hacés el esfuerzo de conocer gente, te das tiempo y buscás la aventura, puede valer muchísimo la pena.”
Un mes en Polinesia
Quedarse durante un mes le permitió vivir algo muy diferente a una clásica misión de surf.
Visitó mercados, navegó en una va’a tradicional, recorrió otras zonas de la isla y observó cómo las familias locales construyen gran parte de su vida alrededor del océano.
También recuerda pequeños gestos.
Después de frecuentar durante días una panadería, una mañana pidió un croissant de almendras y la mujer que lo atendía puso tres en la bolsa. Cuando intentó corregirla, ella simplemente sonrió.
“Había llegado como un extraño. Ese pequeño gesto me hizo sentir, aunque fuera mínimamente, que pertenecía allí.”
South Pacific
De ese mes nació South Pacific: olas, fotografía, exploración y la concreción de un sueño que Biner había imaginado durante una década.
“No solamente cumplió mis expectativas. Las superó ampliamente.”
El film fue realizado y editado por David Biner / Indo Eye, con títulos y animaciones de Julien Moreau, y reúne algunos de los mejores momentos de un mes recorriendo una de las regiones más fascinantes del mundo del surf.